La cancha de Huracán, el escenario en el que Atlético expondrá esta tarde sus contradicciones, era ayer al mediodía un lugar en el que Héctor Rivoira gritaba como sólo lo hacen quienes tienen el agua al cuello. Tanto como indicaciones tácticas, el técnico vociferaba a sus nuevos jugadores súplicas emotivas para revertir el presente de un "globo" que, a diferencia de lo que sucede con "el decano", alterna triunfos y derrotas. Sólo encadena una mala, otra muy mala y otra peor.

El único momento en que "Chulo" se distendió fue cuando al final del entrenamiento, y alambrado de por medio, recordó con LA GACETA el cordón umbilical que lo une con Atlético, su rival de hoy, y al que, como dicta la ley de este deporte, quiere derrotar, aunque le duela en el alma.

- ¿Qué significa jugar contra Atlético? - Desde lo emocional es mucho para mí. Siempre digo que, de los tres ascensos que tuve, (Instituto y Chacarita son los otros dos), el de Atlético fue el mejor. Para mí es el club más grande del Norte, qué querés que te diga. Se van a enojar los "cirujas", pero lo que yo vi y viví en Atlético no lo registré en ningún lado.

- ¿Qué imagen de Atlético se le aparece con mayor frecuencia?

- El regreso desde Córdoba, después del ascenso a Primera. La gente salía desde los cañaverales. Era increíble. Ya cuando estábamos en Santiago del Estero, en Frías, eran multitudes y multitudes. La cantidad de chicos con las camisetas y banderas era bestial. Por eso digo que es el más grande del Norte. Y cuando entramos al pueblo del "Pulguita" (Simoca), bueno, ahí ya no podíamos salir de tanta gente. Y todos los pueblitos así, y después el tremendo recibimiento que hubo en la plaza Independencia. Te lo digo y se me pone la piel de gallina. - Habla de Atlético como si fuera parte suya.- Nunca voy a olvidar lo que viví. Por escándalo fue lo mejor, y eso que llevo 20 años en esto.

- Cuando Jorge Solari fue despedido y antes del acuerdo con Juan Manuel Llop, su nombre sonó como una alternativa.

- Sé que tengo las puertas abiertas para volver. -Entonces en ese momento hubo contactos. - Es una posibilidad que siempre está. Y conmigo pueden contar siempre. Ahí dejé muchos amigos. - ¿Con quién se va abrazar antes del partido? - Es que quedaron pocos jugadores de aquel ascenso. Por lesión no está "Pulguita", por ejemplo, pero sí "Luquitas" (Ischuk); también Esteban (Dei Rossi) y "Seba" Longo. Con ellos, seguro. Pero después se fueron casi todos. - ¿Y de este Atlético? ¿Qué opina? - No quiero hablar de mi rival. No te voy a decir cuáles son sus virtudes y defectos.

- ¿A qué factor apuntó más esta semana? ¿Deportivo o anímico?

- A los dos. Huracán está en un momento muy bajo, a cuatro puntos de descender, algo que nunca le pasó en la historia. Durante toda la semana me la pasé hablando con los jugadores para tratar de revertir todo.

- ¿Lo emocional, cómo se recupera?

- Hablándoles a los jugadores, dándoles seguridad, diciéndoles cuáles son sus virtudes, mostrándoles por dónde tienen que moverse. Un jugador no es el mismo jugador si no tiene su autoestima muy alta, y eso que hay que trabajarlo. Primero lo hablo en lo individual, y después en lo colectivo. Lo tengo claro: Huracán necesita ganar este partido.

Termina la entrevista, Rivoira deja de hablar de Atlético y, automáticamente, regresa a un gesto de preocupación: Huracán no está para sonrisas. El cordón umbilical que une al estratega del ascenso del 2009 con el universo "decano" se toma 24 horas de licencia.